¡Hola! ¿Hay alguien ahí?
Hacía rato que me picaba el bicho de escribir y se me ocurrió que hacer un reboot del Desafío Cervecero del Tranvía, después de una pausa de diez años, sería una buena manera de empezar.
Para los que no se acuerdan (o no les pinta el orto seguir el enlace), las reglas son simples: tomar el primer tranvía en llegar a una parada dada, bajarse en la sexta parada, ir al boliche más cercano o a uno que esté los suficientemente cerca, tomar una o dos birras, volver a la misma parada, tomar el primer tranvía que aparezca (esta vez hasta la cuarta parada, para evitar volver a donde empecé), ir al boliche más cercano o a uno que esté los suficientemente cerca, tomar una o dos birras, enjuagar y repetir. Todo esto sin recurrir a mapas en línea, y ni hablar de reseñas, y si no hay ningún boliche a la vista de la parada, voy a usar mi memoria, instinto y curiosidad.
¡Avanti entonces!
Es un fresco pero agradable día de principios de primavera y, como la vez pasada, el desafío empieza en Karlovo náměstí. Estoy llegando al cruce, tratando de decidir dónde pararme cuando veo el 3 a sídliště Modřany y pego un trote para tomarlo. Mis ilusiones no son demasiado elevadas al principio. Podolí no es un barrio famoso por sus hospody, al menos no que yo sepa, pero de golpe me acuerdo de Na Staré Sokolvně, el “boliche de Tři Sestry”. Y ahí está, justo en frente de la parada Kublov, donde me tengo que bajar.
No tiene mala pinta el local. Afuera tiene un jardín bastante grande, uno de verdad, con pasto y un árbol. Adentro está el výčep, justo a la entrada, un salónek algo oscuro y, a la derecha, un salón grande y luminoso que tiene mejor onda.
Son las cinco de un jueves y no hay mucha gente – un grupo y un par de parroquianos en el salón grande y una dama del personal trabajando con una laptop en lo que supongo es la mesa de los štamgasty. Encuentro un lugar para posarme al lado del bar (algo que siempre trato de hacer en cada boliche nuevo, no solo porque puedo ver cómo hacen la cerveza, pero también porque es un lugar para sentir la onda del lugar), y pido mi primera birrita.
De barril tienen Pilsner Urquell tanková, Kozel černý, Volba Sladků, Birrel, Gambrinus světlé výčepní y Tři Sestry sváteční ležák kvasnicový nefiltr. Elijo Gambáč. La última vez que la tomé creo que fue hace casi cinco años, en la periferia de Litoměřice, después de caminata de 20 km casi todo cuesta arriba. En esa cálida tarde de junio, esa cerveza fue una delicia, como recompensa bien ganada. Hoy.. bueno, ¡estaba buena! De una manera impecablemente anodina; como alguien que va a la oficina y hace lo mínimo indispensable, pero lo hace tan bien que nadie puede reporchárselo.
Cuando estoy llegando al fondo de la primera cerveza, el público que se tutea con el personal empieza a llegar y el boliche toma vida de inmediato – el grifero resulta ser un kía muy simpático que sabe muy bien su oficio.
Estoy tentado de pedir otra Gambrinus, pero no puedo perderme la birra la casa. En fin… Creo que debería haberme quedado con Gambáč. La Tři Sestry es turbia como una NEIPA, con notas que recuerdan a despertarse un día de semana 15 minutos antes de que suene el despertador después de dormir no demasiado bien. Es una cerveza que invita a beber despacio y no para tomar notas de cata.
Pero ese tropezón cervecero no arruina la experiencia. Na Staré Sokolovně me dejó con la impresión de ser un boliche que es parte integral de la vida del barrio, uno al que no me molestaría para nada volver cuando hay más gente. Nada mal para empezar este reboot, veamos dónde me llevan ahora las fortunas del MHD…
De nuevo al centro, en el 17 a Vozovna Kobylisy. Me bajo en Jiráskovo náměstí y por un instante barajo la posibilidad de bajar a Náplavka, pero está demasiado fresco para tomar al fresco, así que encaro para el otro lado.
Estoy a punto de entrar al primer boliche que veo en Náplavní, cuando mis ojos captan un cartel de Bernard en Záhořanského. Hacía ahí voy.
Se llama Richy Happy Bar. Me recibe un barman con cara de estar hasta las tetas de aburrido y le pido una birra, Bernard 11. Sería demasiado quizás decir que el local está muerto, pero si fuera un paciente internado en un hospital, pensar en desenchufar los aparatos no estaría del todo fuera de lugar. Pero no me molesta mucho, el local es muy colorido, con las paredes cubiertas de arte, y con esa onda de ser lugar divertido más tarde. Esa impresión se ver reforzada cuando el barman revive de su estupor, se pone a hablar con dos chicas (turistas) y les comenta que el viernes a la noche hay un DJ que va a poner Afro-Transe, y después cruza unas palabras conmigo – simpático el pibe.
Seguro que se están preguntando sobre la cerveza. No voy a dar vueltas, una poronga, no pude tomar otra. Era un perfecto ejemplo de lo que los checos llaman “trubkáč”, la cerveza que queda en los tubos del día anterior. La práctica correcta es descargarla y enjuagar los tubos antes de servir el primer půllitr del día. A lo mejor nadie le explicó esto al barman, lo cual no me sorprende porque la birra no es el motivo por que uno viene a Richy Happy Bar.
Bueno, la verdad que no estuvo mal. Pueden esperar el próximo episodio en un mes más o menos, pero creo que voy a tener que empezar más tarde para que en los boliches haya más gente.
Na Zdraví!
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