El tendón de Aquiles izquierdo me había estado rompiendo las bolas el último par de meses, impidiéndome disfrutar de mi actividad al aire libre favorita: senderismo cervecero. Son caminatas de alrededor de 20 km (la más larga fue de 30), que terminan con varias birras en un pivovar o establecimiento similar, y a menudo incluyen al menos una escala birrera en el camino. La cosa parecía haber mejorado un poco los últimos días (justo antes de mi visita al médico, claro), y el tiempo el sábado prometía ser ideal para tal aventura, con una temperatura máxima pronosticada de 25 °C; ni siquiera la amenaza de aguaceros me podría disuadir. El destino esta vez sería Pivovar Kladno Kročehlavy , que, además estar a 21,5 km de casa, opera en lo que antaño supo ser una fábrica de cerveza. Tengo cierta debilidad por cervecerías como Kročehlavy, y a veces me pregunto si este no es un fenómeno exclusivamente checo (probablemente no). En las cuatro décadas de su régimen, los comunistas cerraron dec...
Una exploración de la más divina de las bebidas