El tendón de Aquiles estaba mejor y el día todavía más lindo que Sábado anterior. ¿Qué mejor excusa para otra caminata cervecera? Más corta esta vez, 15 km, pero con dos cuestas un tanto empinadas, una para abajo hacia el río y la otra para arriba. Salgo de casa a eso de las 12:30, después de otro buen almuerzo, y una hora y pico más tarde hago una escala técnica en Libčice n. Vltavou antes de cruzar el río.
9barů es uno de esos híbridos entre hospoda y cafetín (o hospodokavárna como le dicen en Čep & Pec) del tipo que se puede en prácticamente cada barrio praguense. Además de café, matcha y tortas con buena pinta, tienen dos cervezas de barril, ambas de Pivovar Moucha. Pido la 11° Světlý Ležák y está bien buena, refrescantemente amarga, y cae muy bien sentado afuera, a la sombra de frondoso árbol. Cuando Moucha empezó, las cervezas eran tirando a pedorras, pero han mejorado y hoy son más que decentes, lo cual es una buena noticia, porque me volvería a encontrar con la marca.
¡Me encanta cruzar el Vltava en ferry! Es casi romántico y, aunque el viaje tarda un par de minutos, te hace sentir como si el mundo bajó un par de cambios.
Hay un comedero justo al lado del amarradero del ferry, Občerstvení Na Dole. Sirven Svijany y juro que iba a pasar de largo hasta que vi el pizarrón con el menú, y přivoznický guláš (del barquero) es algo no podía perderme; ameritaba otra escala técnica.
Pido uno, con una birra, y encuentro un lugar a la sombra con vista al río. Incluso cuando Svijany estaba en su mejor momento hace dos décadas, la Máz nunca me gustó y hoy es algo que tomo solo si las otras opciones son Braník o Staropramen. Pero acá no importó, porque el guláš ese estaba de reputamilrrechupetemadre. Espesito, con una nota de paprika quemada que realzaba el sabor y varios pedazos de carne que casi se disolvían en la boca. Me podría haber puesto un par de porciones más sin problema, pero me esperaba la parte más difícil de la caminata, la cuesta arriba un tanto empinada. Eran 3 km nada más, pero todavía no estoy en el estado que me gustaría estar.
Para mi sorpresa, hice la subida sin problemas y sin bajar el ritmo de mis pasos. Seguro que ayudó que era todo en bosque, y hermosa, sin ningún rastro de civilización a la vista o al oído. Pero el resto del trayecto no sería tan agradable, no por nada feo, sino porque iba a ser casi todo al sol y la temperatura era ya más alta de lo que había esperado. Pero mucho no me quejaba, esa incomodidad haría que la primera cerveza en mi destino sea todavía más rica.
Esta era mi tercera visita a Polepšovna ducha y la sensación al llegar fue la misma que la primera vez. Polepšovna es un oasis de tranquilidad que te hace sentir como si estuvieras bien lejos de cualquier centro urbano, a pesar de que está un par de kilómetros a las afueras de Praga. Es también el jardín cervecero más lindo en el que he estado, por lejos. Es bastante grande, dominado por el výčep, con una terraza y un escenario para conciertos, sobre un prado con viejos árboles frutales y otro edificio casi escondido entre los árboles que forman el límite del bosque que rodea la propiedad. Las cervezas, por supuesto, se pueden tomar en la terraza o también se puede tender una manta en el pasto o agarrar una de las reposeras disponibles sin cargo y disfrutarla bajo uno de los árboles.
Tienen cuatro cervezas de barril: la 11° de Moucha, la misma que tomé en Libčice, y las otras tres son de marca propia, todas más que decentes, obra de Daniela Tallová, la maestra cervecera de Moucha, y una de las personas detrás de Polepšovna. Su objetivo es montar una fábrica in situ, por el momento son létající.
Llego, sediento, pido una 11° y elijo una mesa a la sombra en la terraza. Antes de que tome el primer sorbo, me saluda una pareja conocida de Únětice, quienes, después del “¿qué hacés acá?” típico de situaciones como esta, se sientan conmigo, brindamos y nos ponemos a charlar. Un rato más tarde, el kía con pinta de viejo rocanrolero sentado a la mesa vecina se une a la charla, que, como es habitual en este tipo de charlas, pasa fluídamente de un tema a otro: deporte, política, historia, cerveza, viajes, bares nuevos y viejos, relaciones, todo puntuado por comentarios de lo lindo que es Polepšovna ducha.
Cuando mis tres nuevos viejos amigos se despiden, yo me quedo por una más, una kyseláč que me gusta bastante considerando que es un estilo que por lo general no me gusta. Debe ser el lugar, la onda –ha llegado más gente y hay un grupo tocando música tranqui en el escenario, el sol está cayendo despacio y yo estoy más contento que chancho en baño de burbujas.
Na Zdraví!
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