Bueh… Volvemos al principio entonces. Karlovo náměstí y el 22 a Hostivař es el primer tranvía (menos mal, tenía miedo que venga el 3 a Levského).
La sexta parada es Ruska. A diferencia de las anteriores, tengo bastante para elegir acá, y elijo Lye Beer Café, el más cerca y el único en el que nunca he estado.
Parece estar vacío. Me asomo a la esquina y veo que Galerie Piva está desparramando gente en la vereda. Listo, cambio de rumbo, Galerka. Estuve una vez, para una birrita al paso, en camino a otro lugar, hace ya varios años, y esta es la excusa perfecta para volver y con más tiempo.
Galerka es muy parecida a la cercana Pivní Zastávka, mi hospoda de cabecera, pero un toque más grundge. También tienen cinco cervezas de barril, encabezadas una Světlý Ležák, con las cuatro restantes siendo representantes de estilos de moda, además, claro, de las heladeras con una relativamente amplia oferta de botellas y latas.
Mentiría si dijera que me sorprende encontrarme con un colega štamgast de Zastávka y su mujer. Me invitan a sentarme con ellos, chocamos las copas y nos ponemos a hablar del mundial de fulbo (obligatorio #FuckFIFA), la ola de calor de los otros días, la vida, cerveza en general y las cervezas que estamos tomando; todas muy bien hechas, cabe decir, y bastante buenas, las tres que tomé: una 12° de Sibeeria, una Session Cold IPA de Zichovec, y una West Coast IPA (que me hizo acordar las APA de antaño) de un letající pivovar cuyo nombre he olvidado porque la estaba pasando demasiado bien con mi amigo para tomar notas o sacar fotos.
Esto me lleva a otra similitud entre Galerka y Zastávka, además de su casi idéntico enfoque hacia la cerveza. Este es el tipo de boliche que te da la sensación de que todos se conocen, o al menos que el grifero se tutea con casi todos los que entran. Y también sabés que si venís seguido y te comportás como se debe, no vas a tardar mucho en ser uno de los “todos”. La oferta cervecera quizás sea lo que te motive a venir por primera vez, pero lo que más probable te haga querer volver es esa sensación de comunidad.
De más está decir, estoy muy tentado a quedarme, o a caminar las pocas cuadras que me separan de mi pivnice favorita. Pero el deber llama y de vuelta a la parada voy.
El 22 de nuevo, pero en la dirección opuesta (este juego me está llevando ida y vuelta al centro. La verdad que no me molestaría que me lleve más allá, pero así es el destino).
Me bajo en I.P. Pavlova y la decisión de dónde ir a tomar mi(s) próxima(s) cerveza(s) es fácil: Na Břežance.
En el episodio pasado, también fui de un local moderno (Čep & Pec) a uno clásico (U Parašutistů). El moderno estaba bastante animado, mientras que el ambiente en el clásico era comatoso. Esta vez, me place decir, que el local clásico está tan animado como el moderno, sino más.
En el salón del bar, a la entrada, hay al menos media docena de štamgastů empinando el codo con premeditación y alevosía alrededor de su mesa, y el salón principal también está bastante concurrido (cabe mencionar que no están pasando el partido en la tele). Me pone contento, porque (y quizás me equivoque) creo que en este barrio (como en Karlák) ya no viven muchos paisanos, y la clientela hoy es mayoritariamente checa.
Las cervezas, todas de Prazdroj, salen una atrás de otra. De la lista en la pared, elijo una que hace una bocha que no veía: Gambrinus nefiltrovaná 12°. Quizás tendría que haber prestado un poco más de atención. Dudo que tenga mucha salida, porque no estaba para nada fresca. Para ayudarme a soportarla, elijo un bife tártaro.
El tatarák es, en mi opinión, la máxima expresión de pochouteky k pivu. Me acuerdo la primera vez que lo probé, hace casi un cuarto de siglo en una ya desaparecida hospoda de Dejvice. Comer carne cruda parecía algo casi peligroso, y fue amor a primer bocado. Mi tatarák favorito hoy lo sirven en Kantýna, en la calle Politických vězňů. Es minimalista, ligeramente condimentado para que el sabor nerca añejada se destaque. Muchos bares y restaurantes hoy sirven el tártaro ya mezclado, pero tengo que confesar que prefiero la usanza clásica: una masa de lomo hecho casi puré, coronado con una yema de huevo cruda, rodeado por condimentos y acompañado de topinky fritas con dientes de ajo para frotarlas.
Eso es justamente lo que sirven en Na Břežance. Cabe decir, sin embargo, que los condimentos dejan bastante que desear: pimienta negra molida, cebolla picada, pimentón y mostaza y ketchup de medio pelo; me habría gustado que el servicio incluya una salsa Worcestershire o picante, pero bueno…
Por otro lado, la Gambáč 12 que pedí para bajar la morfi está muy bien (lo que no es sorpresa, es la best-seller de hoy).
Me voy a casa de muy buen humor y con muchas ganas de seguir con este proyecto, esperando que para la próxima los dioses de MHD me lleven a territorios menos explorados.
Na Zdraví!
Qué buena pinta todo, especialmente el tema comunitario, yo lo veo infravalorado en muchos lugares. Hacer comunidad e incluso que los dueños faciliten las cosas en este sentido es un gran valor añadido. El bebercio y el fato también, claro, pero esto primero es lo que puede hacer que un bar se convierta en tu segunda casa. Por cierto, no sabía de la existencia de la Gambrinus 12.
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